El hombre de púrpura abrió de un golpe las puertas del saloon; el ruido hizo que los parroquianos sentados en la barra y las mesas observaran al recién llegado. La expresión de algunas miradas fue de reconocimiento y de miedo. El hombre de púrpura miró con desdén y se acercó a la barra con lentitud, recreándose en él mismo. El barman puso en la barra un vaso y lo llenó de líquido dorado antes siquiera que el vaquero llegará hasta él. El hombre de púrpura tomó el vaso y lo apuró de un solo trago, después miró al barman y éste volvió a llenar el vaso, con tan mala suerte que sus manos temblorosas dejaron derramar unas gotas de whisky, que salpicó la manga de la camisa púrpura.
-Lo siento, no volverá a pasar-farfulló el barman asustado.
-Tenlo por seguro-le contestó el hombre de púrpura sin mirarle.
Se dio la vuelta y se acodó en la barra, levantándose un poco el ala del sombrero para observar a su alrededor. Su mirada se posó en una mesa donde cuatro jugadores apostaban sus pagas con mayor o menor fortuna.
Uno de los jugadores le devolvió la mirada, y el hombre de púrpura notó dentro de sí un sentimiento hacía tiempo olvidado.
Tomó su vaso y se acercó con su andar pausado a la mesa, se paró y cuando los jugadores interrumpieron la partida y le miraron, sonrió y dijo:
-Me gustaría jugar.
Un jovenzuelo con la cara llena de acné, imprudente gracias a su edad, le contestó:
-La partida está completa, hombre.
Una bala cortó en dos la sonrisa arrogante del muchacho, mientras el hombre de púrpura le contestaba:
-Ya no.
Apartó el cuerpo caído con sus botas refulgentes y se sentó a la mesa, mientras el hombre de su derecha barajaba. Mientras repartía los naipes el hombre de púrpura miró a su izquierda y sonrió de nuevo.
-Te sienta bien el Stanton, pero me gustas más sin él-dijo, haciendo ademán de quitarle el sombrero.
Una mano cuarteada pero de dedos largos y elegantes, frenó la suya, con rapidez la mano del hombre del traje púrpura actuó como una garra apresándola, y con la otra de un golpe certero arrancó el sombrero dejando al descubierto un rostro femenino
-Sigues tan guapa como siempre, aunque más vieja-le dijo sarcástico.
-Es lo normal después de diez años ¿No crees?-Le contestó ella.-Pareces muy sorprendido de verme.
-Si lo estoy, creí que habías muerto junto a tu padre, cuando incendiamos el rancho-contestó el hombre del traje púrpura mientras acariciaba su rostro-Parece que eres dura de pelar.
-Eso parece. Te he echado de menos, aunque te odie. Aún recuerdo las noches estrelladas en el rancho ¿Y tú?-Le dijo acercando su boca a la mejilla del pistolero.
-Si lo intento, puede que lo recuerde. Estoy seguro de que podría recordarlo si me acompañas arriba-dijo dando un pequeño tirón a la muñeca de la mujer y acercándola más a él.
-Claro-dijo ella en un susurro-Deja que recoja el sombrero y guíame.
La promesa de sus ojos hizo que el hombre del traje púrpura soltara a su presa, y se dirigiera a la escalera. Cuando comprendió lo que significaba ese “clic” tan conocido para él, la bala ya le había atravesado el corazón.







Gracias por estos relatos guapa, siempre hechas a andar mi imaginacion en segundos.
Besos!
…. ahhhh, siempre he dicho que de ese “clic” al sueño eterno hay tiempo y eso nos permite darnmos cuenta que pasa y que fue de nosotros.
Saludos
El Enigma
Nox atra cava icrcumvolat umbra