El maestro contempla a su concentrada alumna, que con los ojos cerrados intenta recordar todas las palabras, las mágicas palabras que conseguirán su objetivo. Despacio y casi sin mover los labios las recita:
Pulvis astrum
Pulvis Stella
Infra ubera
Travis Hummus
La alumna abre los ojos y mira el líquido burbujeante del caldero, y después al maestro con ojos desafiantes. Él le devuelve la mirada con orgullo
-Lo conseguiste, nunca he dudado de ti.
-¿Estás seguro maestro? ¿Nunca dudaste de mí?-contesta ella con sorna.
-Sabes que no, eres la mejor alumna de cuantos he tenido. Tú eres la llamada a sustituirme cuando me retire,
-Espero que ese retiro esté aún lejano, debo aprender todavía muchas cosas de ti, maestro-Le dice ella con un deje zalamero.
El maestro siente algo dentro de sí que no sabe definir, parece extraño que este hombre sabio no sepa si lo que enciende su corazón es amor, o quizá deseo. Su alumna es una mujer muy bella, su larga cabellera llena de rizos suaves es casi tan roja como las llamas que alimentan al caldero, unas finas cejas enmarcan el azul casi transparente de sus encendidos ojos, unos ojos que le traspasan cuando se posan en él.
-Maestro…-Su voz es apenas un susurro. Ël se acerca para escucharla mejor, y el roce de su cuerpo le provoca un estremecimiento.
-Dime querida- Le invita a continuar.
-Maestro… hay dentro de mí algo que me dice que no me estás contando todo lo que sabes. ¿Temes que no sepa utilizarlo?
-Creo que aún no estás preparada para entenderlo, sólo es eso-Le confiesa el maestro, pero se calla que tiene miedo, no a que no sepa utilizarlo sino a que el resultado no sea el correcto.
Ella se acerca más aún, y él siente el aliento cálido que desprenden sus palabras acariciando su entrecana barba.
-Confía en mi, por favor-le dice tomando su mano y posándola en su corazón.
El maestro no puede resistirse y acerca su boca a la de ella, que roza levemente sus labios, y él poseído por el deseo, sucumbe.
Reposan uno en el otro, encima de una suave manta de crin de caballo, ella suspira levemente, mientras las manos del maestro acarician su bello rostro, sus tiernos labios.
-Y ahora, ¡Volvamos al trabajo!-Le dice la alumna sonriéndole con dulzura-¿Me enseñarás las palabras mágicas?
Él no puede resistirse a su ruego y en voz muy baja le recita al oído el encantamiento, ella escucha atenta y se levanta rápidamente. Se acerca al caldero, toma unas hierbas de unos recipientes y comienza la letanía mientras espolvorea las hierbas.
Mientras un humo brillante comienza a emerger del caldero, él comprende su error y nota asustado como sus miembros comienzan a paralizarse y entonces grita:
-¡Morgana no! ¡No lo hagas!-Suplica mientras cae al duro suelo
Desde allí inmovilizado la oye reír y con un esfuerzo supremo consigue levantar sus ojos hacia ella que le observa con una mirada sarcástica.
-Merlín no me has defraudado, sabía que pese a tu sabiduría y a tu edad caerías presa de tu deseo. Tu reinado llegó a su fin, ahora yo soy la más grande maga en el universo, yo Morgana Le’Fay he acabado contigo y gracias a ti acabaré también con mi querido hermanastro Arturo. ¡Gracias Merlín!
Y acercándose al postrado Merlín, deposita un beso en sus labios y con un gesto de la mano, desaparece entre una nube de humo.
Merlín llora sin lágrimas, no por haber perdido su poder sino por ver desaparecer a la mujer que ama.







El amor, el amor y la pasion, no siempre son buenos consejeros, jijiji.
Que no lo había leido.
Morgana, que mala eres, ¿de ahí vienen tus poderes?
Pd. Tiran mas dos tetas…