Dani se despierta y mira a su alrededor y sonríe cuando ve a d. Paco, él también le está sonriendo, y el niño deshace apresurado el abrazo dulce de las sábanas para coger al muñeco sentado a los pies de su cama, luego, se sienta en el borde y mira hacia el suelo, tan lejano. Dani sólo tiene cuatro años y además es bajito para su edad, por eso la distancia que media entre el suelo y el borde de la cama le parece tan grande, y le da tanto miedo saltar como cuando se sube en el tobogán del parque y ve allí, a lo lejos, a su hermana Celia que le grita para que “Te bajes yaaa”.
Así que decide quedarse donde está y para no aburrirse le cuenta a d. Paco lo que ha soñado esta noche con pelos y señales. D. Paco le escucha muy interesado y se desternilla cuando Dani le cuenta que en la selva mató a un tigre que le perseguía tirándose un pedo, porque no tenía pistola. Dani también se ríe mucho y aprieta las piernecillas porque le están dando ganas de hacer pis.
Y en ese mismo instante entra su madre en la habitación, y lanza una exclamación de sorpresa, “¡Pero hijo, ya estás despierto! Si sólo he estado diez minutos fuera” Dani deja a d.Paco y se pone de pie en la cama para abrazar a su madre, y antes de que pueda contarle el sueño de la selva, ella le baja de la cama y le lleva hasta el baño, y comienza a darle instrucciones sin respiro, “Venga, anda haz pipí y lávate las manos y la cara. Yo mientras voy a llamar a papá”
Cuando sale del baño, mamá está hablando con el hombre de la bata blanca que le asusta cuando se acerca a él para ponerle esa cosa tan fría en el pecho y en la espalda. Se pone detrás de su madre y se agarra con todas sus fuerzas a sus piernas, entonces ella se desprende de su abrazo y se agacha a su altura, para besarle.
Y muy bajito le dice al oído, “Hoy tenemos una aventura nueva pitufo”, y le sigue contando que Dani y d.Paco van a ir a otra habitación donde hay más niños y unos payasos que les van a contar un montón de historias, y mientras termina de decírselo, la enfermera Alicia que es la más guapa y la más simpática de todas, le coge de la mano y salen de la habitación.
Cuando están en la mitad del pasillo, mamá llega corriendo y le da su gorra de Mickey, “¡Que se te olvidaba la gorra! ¡Anda póntela para que no se te queden fríos los pensamientos” le dice acariciando la suave piel de su cráneo desnudo.







Jo…!
Se me salio una lagrima…
Excelente relato!
Besitos guapa!