Cuando Dios me miró de esa forma, me juré que jamás en la vida le volvería a dar motivos para ver de nuevo esa mirada. No cupieron excusas ni llantos arrepentidos. Sólo la mirada y su dedo mostrándonos la salida.
A Eva no parecía importarle nuestra marcha del Edén, caminaba extasiada contemplando el nuevo mundo que se abría ante nuestros ojos y se hacía la sorda a mis lamentos. Sólo cuando el sol desapareció para dejar paso a la luna, se acercó a mí para preguntar donde pasaríamos la noche.
-Pregúntale a tu amiga, la sierpe-Le dije con rabia.
-Es una pena pero en cuanto salimos del Paraíso se fue en dirección contraria, y estoy pensando que quizá habría sido mejor que me fuera con ella que contigo-Me contestó mirándome con desprecio.
Era nuestra segunda discusión en nuestra relación de pareja, la primera fue la cuestión de la manzana, aunque duró poco, me dejé convencer muy fácilmente ya que yo también deseaba precisamente esa manzana pero no se lo confesaría nunca. Así siempre tendría un motivo para echárselo en cara.
Seguimos andando y discutiendo hasta que vimos una pequeña cueva a donde nos dirigimos. Al llegar allí vimos que era lo suficientemente grande para dormir en ella, aunque no tanto para hacerlo por separado. Así que olvidando nuestro enfado, nos acurrucamos y mientras el sueño hacía caso omiso de nosotros, mis manos comenzaron a jugar con el ensortijado cabello inferior de Eva. Era extraño, en el Paraíso nunca me había fijado en que nuestros cuerpos eran diferentes y tampoco la vara que poseía justo entre mis piernas había tomado la posición de aquel momento. Estaba asustado y no sabía qué hacer para que recobrara su estado y se lo dije a Eva. Ella, curiosa como siempre, la tomó entre sus manos y en ese momento yo pensé que moría. Pero estaba equivocado, la vara volvió a su posición y aliviado uní mis labios a los de ella y mis manos resbalaron por su cuerpo y encontraron una pequeña rendija húmeda y caliente en la que nunca había reparado.
Eva tomó de nuevo mi vara y me dijo-Tal vez tenga frío. La meteré aquí que está calentito.
Y entonces le di gracias a Dios por habernos expulsado del paraíso.







Qué bello final. ¿Cómo ha salido esto, eh? ¿Vacaciones acaso?
No, concursitos interneteros
Muy chido la verdad. Parece como para sinopsis de un libro q estaría muy interesante.
Gracias por compartirlo