El jardinero

11 09 2005

Tenía un jardín donde había plantado semillas de bellas flores y plantas, dispuestas a crecer para alegrarlo con su presencia.
Vino un jardinero, era muy dispuesto y trataba con mucha delicadeza y amor a mis semillas, que empezaron a crecer, alimentados por el jardinero y a llenar de belleza mi jardín.
El jardinero, cuando más bellas estaban, fue olvidándose de ellas.
De vez en cuando se acercaba y las acariciaba con ternura, pero cuando ellas pedían un poco de agua, él se alejaba, sin darse cuenta que mis plantas y flores se marchitaban.
Hoy el jardín está seco y ellas abandonadas a su suerte. Mueren poco a poco con la pena que el olvido produce.
El jardinero sigue allí, sin darse cuenta de lo que sucede, sin darse cuenta de lo que su caprichosa aventura ha conseguido.
Nunca más abriré mi jardín a otras manos, nunca más dejaré que hagan crecer una flor para olvidarla después.

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