Gabriel

11 09 2005

¡ya está ahí, el puñetero perro¡ -pensó Gabriel-¡volviendo a mear en la papelera, y la guarra de su ama, tan tranquila.¡
Gabriel odiaba a los perros, bueno también odiaba a las mujeres, a los niños, a los hombres y al mundo en general, incluso odiaba hasta a su madre…
Su médico le dijo que eso que él tenía se llamaba….. no se acordaba¡¡que más daba¡¡¡ se llamara como se llamara no se le iba a quitar, y además no le importaba tenerlo, disfrutaba odiando a la gente.
Gabriel tenía un problema añadido, él gustaba a la gente, por lo menos hasta que le conocían. Físicamente era muy atractivo, las mujeres se volvían para mirarlo, siempre le pasaba, desde chiquitito. En el colegio todas las niñas estaban locas por él, y sus vecinas siempre que le veían con sus padres, se acercaban para decirle cosas y pellizcarle las mejillas.
A él se le ponía la cara roja de rabia y comenzaba a chillar como si estuviera poseído. Sus padres se disculpaban atropelladamente y salían zumbando para su casa.

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