Bruja

5 01 2009

Subió al vagón del metro empujada por los viajeros que estaban tras ella y quedó encajonada entre varias espaldas y tres o cuatro rostros que reflejaban malestar. No podía ni abrir el libro que llevaba así que intentó relajarse hasta Alonso Martínez, la estación donde una gran parte de los que viajaban bajarían. Se encontraba pensando en sus asuntos cuando notó que le sobaban el culo, dio un respingo intentando separarse de aquella mano pero era imposible huir de ella. Buscó con la mirada al dueño y se encontró con un par de ojos en los que brillaba la lascivia. La mirada que le lanzó no consiguió que el tipo dejara de tocarla. Se revolvió en el sitio hasta que consiguió cambiar de lugar, sin importarle los exabruptos de sus compañeros de vagón. Hervía de rabia mientras no dejaba de mirar a aquel hombre.

El convoy llegó a Rubén Darío, y entre los que se bajaron estaba él, le siguió con la mirada hasta que llegó a las escaleras y vio como tropezaba con el primer escalón y se estampaba con los peldaños rompiéndose el puente de la nariz.

Mientras el metro proseguía su marcha y el hombre sangraba profusamente, Silvia sonreía, y seguía sonriendo cuando llegó a su estación.

Al entrar al hall de su empresa saludó a la recepcionista que la ignoró perdiéndose en la pantalla del ordenador, Silvia volvió a sentir la misma rabia que la inundó en el metro y clavando su mirada en el cogote perfecto de la mujer, musitó unas palabras.

Al entrar en su despacho oyó un grito y al asomarse al hall, vio a la joven caída en el suelo con todo su estudiado peinado totalmente chamuscado. Contuvo una carcajada cuando uno de sus compañeros acudió a ayudar a la recepcionista que hipaba entre sollozos al contarle que sólo estaba comprobando que el ordenador estaba enchufado a la corriente.

Sobre la una decidió ir a tomar un bocadillo y al salir de su despacho, se encontró con Javier acompañado de un desconocido. Javier la detuvo y le presentó al joven.
-Silvia, te presento a Amadeo, es nuestro nuevo abogado.
El joven le ofreció su mano y al estrechársela sintió un escalofrío-Encantada Amadeo, si necesitas algo aquel es mi despacho-Le ofreció con una sonrisa deslumbrante.-Perdonad he olvidado algo-Les dijo mientras volvía a entrar.
Silvia abrió el ropero para buscar sus gafas de sol, y a través de la entreabierta puerta escuchó la conversación de los dos hombres:
-¡Está como un tren¡ No me habías dicho que teníamos un bellezón en la oficina, Javier.
-Si, si, está muy rica, pero es una bruja. Ten cuidado con ella-Le advirtió su compañero.
-Venga hombre, ¿vas a decirme que una mujer así no merece la pena?-Contestó Amadeo con excitación en su voz-Creo que me he enamorado, macho.

Silvia se dijo que el escalofrío no le había engañado, Amadeo era el hombre de su vida. En cuanto a Javier, ya le enseñaría ella lo bruja que podía llegar a ser

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: