Tres colores

19 05 2009

Se quedó perdido en sus cabellos, rojos como la sangre que mojaba sus manos, unas manos creadas para salvar vidas y a las que él había traicionado.
Alzó el cuerpo que empezaba ya a tomar la rigidez que acompaña a la parca y le sorprendió su liviandad. Se dirigió hacia el río, las aguas del viejo Támesis cruzaban la ciudad en silencio, y en silencio arrojó el cuerpo a las verdes aguas.
En ese momento, como le ocurría siempre, su mente se quedó en blanco y no supo explicarse porqué se encontraba allí, bañado por la luna llena.

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