Pajarillos

10 02 2015

Todas las tardes a eso de las cuatro, un gorrioncito se posaba en el alfeizar de la ventana, y desde allí miraba, gorjeando,  a mis dos periquitos a la vez que ellos le observan desde su jaula.

A mí me hacía mucha gracia ver como los sosos de Alí y Babá, que así se llamaban mis bichos, se volvían locos cuando llegaba el mirón, y me olvidaba de mis quehaceres hasta que el gorrión levantaba el vuelo.

Pero una tarde, cuando les estaba cambiando la comida, dejé la puerta de la jaula abierta, y ellos  desaparecieron en unos segundos. Recriminándome duramente por ello, volví a dejar la jaula vacía al lado de la ventana.

Al día siguiente el gorrioncillo volvió, yo le vi como miraba la jaula vacía y en su piar oí la tristeza…

No es que yo sea muy sentimental, pero el pesar del pajarillo me conmovió y decidí alegrar su vida. Así que cogí papel celo y pegué con mucho cuidado una foto que tenía de Alí y Babá.

Y allí está todos los días el gurriato tan contento charlando con ellos

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