Instinto maternal….

17 04 2015

Se despertó cuando las primeras luces del alba entraron por la ventana. Una sonrisa tontorrona apareció en su cara mientras se desperezaba y se levantó de un salto.

El hombre se acercó a la ventana y atisbó a través de los visillos. Algo llamó su atención y la abrió, el frío del amanecer de Febrero le produjo un escalofrío, pero aún así se asomó al balcón y vio a la mujer de pie, en mitad del jardín con una taza humeante.

Mientras la contemplaba pensativo un ruido atrajo su atención, un llanto en el que se intuía hambre se coló en el silencio de la casa. Salió de la habitación dejando la ventana abierta y se dirigió por el pasillo hasta una habitación cercana.

Entró y se acercó a la cuna donde un niño berreaba. Le tomó en brazos y le besó repetidas veces, el pequeñín interrumpió bruscamente su llanto y gorjeó satisfecho.

¿Vamos a ver a mami, y después desayunamos? Le dijo el hombre, hundiendo su nariz en la barriguita del  niño.

Le vistió con un buzo, y bajó las escaleras jugueteando con  él. Entró en la cocina y sin dejar al pequeño, sacó un bote de leche infantil de un armario y echó una cucharada en un biberón, lo mezcló con agua y lo puso en el microondas. Después salió al jardín donde encontró a la mujer en la misma posición.

Llegó hasta donde estaba y acercando al niño a su rostro, dijo con alegría

¡Buenos días mami! Ella al  notar el roce del pequeño se apartó con un gesto contrariado en su rostro.

Miró al hombre y le dijo

¿Has pensado en lo que hablamos ayer? No, no creo. Has dormido de un tirón, ni siquiera esto te quita el sueño.

Lola, otra vez no ¡Por favor! Le rogó él.

Anda, cógelo, echa de menos a su madre- Le dijo, ofreciéndole al bebé.

Lola cruzó los brazos y negó con la cabeza –Mira, no lo voy a discutir más, esto no tiene negociación.  No estoy dispuesta a sacrificar mi vida por un niño así, no es justo. Tienes toda la mañana para pensarlo Arturo. Cuando vuelva, espero que hayas recapacitado y entreguemos al niño en adopción, si no… Nuestro matrimonio habrá acabado –Dijo, dirigiéndose al interior de la casa.

Arturo esperó unos minutos en el jardín y entró en la cocina, tomó el biberón del niño y se lo dio con cara de preocupación. Mientras el pequeño se tomaba la leche,  vio entrar a su mujer en el coche y salir por el portón rumbo quién sabe dónde.

Pasó la mañana escribiendo en el ordenador y vigilando a su hijo, y sobre las tres escuchó la puerta del garaje abriéndose. Tomó de nuevo al niño en brazos y abrió la puerta de entrada, esperando la llegada de Lola.

Cuando ella llegó cerca de la puerta le miró expectante, él no dijo nada, sólo se apartó y Lola pudo ver sus maletas  tras él.

Cuando llegó la noche, antes de acostarse, Arturo fue a la habitación del niño, se acercó a su cuna y  susurrando le dijo- Dulces sueños Víctor, sueña con nubes de algodón.

Víctor le miró con sus ojitos achinados y le sonrió

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