Jacinto

1 09 2015

No entendía por qué, precisamente ahora, se le venía su padre a la cabeza. Hacía mucho que no pensaba en él, por lo menos desde el entierro de Jacinto. Ese día sí que estuvo pensando en él, bueno y en su madre, y en general en su vida familiar.

Recordaba perfectamente aquellas tardes noches de finales de verano, sentados todos en el patio de la casa, intentando respirar alguna brizna de aire fresco sin conseguir nada más que tragarse algún mosquito, de esos que ya están a punto de diñarla y andan tontos perdidos volando de aquí para allá.

Veía a sus hermanos y a ella misma, jugando a cualquier cosa que no requiriera mucho esfuerzo, al “Veo, Veo” o a las adivinanzas, incluso a la brisca, sentados en las losetas de tierra del patio que estaban más fresquitas que las sillitas de enea. Su madre, algunas veces participaba del juego, y entonces siempre les ganaba, era tan lista…

Su padre se limitaba a escucharles bebiendo del vaso de tinto que siempre estaba cerca de él. En esas noches calurosas de finales de verano caía por lo menos una  botella, o quizá, si el sueño se resistía hasta dos.

Jacinto siempre estaba pendiente del vaso de vino, aunque hiciera que le interesaba el juego. Disimuladamente echaba ojeadas cuando notaba que la mano del padre se acercaba al vaso, y una sombra oscurecía su mirada.

De sus hermanos, él era el más guapo, se parecía mucho a la madre, tenían ambos una sonrisa que les iluminaba el rostro, las pocas veces que aparecía. Cuando su madre y Jacinto sonreían ella sentía como si le fuera a explotar el corazón, como si el cielo fuera más azul y el mar, que se adivinaba a lo lejos, les acariciara los pies.

Su padre no es que fuera feo ¡Qué va! Las vecinas del barrio se le quedaban mirando cuando le veían pasar.  A ella le daba mucha rabia esas miradas de envidia, cuando a veces, iban a visitar a algún familiar todos juntos, en procesión, sus padres delante y ellos cinco detrás, Jacinto y Felipe, siempre juntos, y las tres niñas en último lugar…  Las odiaba, no por cómo le miraban, sino por lo que se callaban.

Pero las vecinas no eran las únicas que callaban, todo el mundo lo hacía. Los abuelos, los tíos, incluso ella y sus hermanos, bueno, Jacinto no, él no se callaba nunca. Siempre estaba ahí, interponiéndose cuando la madre se acuclillaba en la esquina de la habitación, cubriéndose la cabeza con los brazos, y su padre con el cinturón en la mano, decidía que había castigarla porque la comida estaba fría o caliente, porque se le había caído un botón o por cualquier otra cosa que le hubiera ocurrido y de la que su madre era la culpable.

Muchas veces, era Jacinto quién se llevaba los correazos, e incluso alguna patada. Recuerda que el año en que el hombre llegó a la luna, lo escucharon en directo en la radio que amenizaba las velas de los médicos de guardia en la Casa de Socorro.

Pero ¿Por qué coño le tienen que venir todas estas cosas a la cabeza, precisamente ahora? Su invitado la está esperando, no quiere hacerle esperar.

Recoge todos los utensilios que necesita, y baja al sótano, donde el muchacho la espera atado en una silla. Cuando la ve llegar, le mira con ojos de garzo asustado, y ella se excita.

“Ya voy” le dice y se acerca a él parsimoniosamente, con el martillo en la mano.

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Adios

10 03 2015

No es verdad! ¡No estoy muerto! No lo vuelvas a decir…por favor.
¡No me lo digas más o me enfado! No ves que no puedo estar muerto, si oigo a los pájaros cantar, y las voces que da la portera regañando a sus hijos.
También huelo el perfume del ambientador que puso mi mamá en la habitación, y los olores de fritanga del bar de abajo.
¡Qué no, no te creo! No entiendo lo que me estás diciendo, que si transición y espíritus. ¡No te oigo, no te oigo, lalalalala!
¡Oye! ¿Por qué no puedo abrir los ojos y por qué tengo tanto frío? Aquí hay calefacción, y mi yaya seguro que la ha puesto ¡Es muy friolera!
¿Qué es estar muerto? Ya, me estás poniendo nervioso con tanto decírmelo, ¿Duele? ¿No, de verdad?
 
Estoy oyendo llorar a mi madre ¿Por qué llora? ¿Por mí? ….

Entonces…. Es verdad que estoy muerto…¿no?

¿Y donde me llevas podré ver la tele y jugar con la consola? ¿Que noo me va a hacer falta todo eso ¿De verdad? ¿ No me aburriré jamás?
¿En serio que no tendré que comer verdura nunca más?
Bueno, pues entonces….¡Vale, vámonos ya





El Precedente

10 03 2015

El tipo venía derecho hacía mí, bufando como un toro, y yo no tenía ninguna opción para huir. Estaba acorralado entre el muro del campo de rugby y la carretera, colapsada en aquellos instantes por todos los alumnos que habían terminado las clases.

Tragué saliva y me dispuse a recibir, pero antes de que terminara de llegar, alcé las manos en un gesto de súplica y le dije, “Eh, eh, macho espera”

No sé que notó en el tono de tan magnífica frase, pero se paró en seco delante de mis narices.

-Controla Quique, dije para  mis adentros y le lancé una sonrisa que le desconcertó.

-¿Tu eres Álvarez Fesno, de Filosofía? -Me preguntó mosqueado el energúmeno.

-No, no, ese es mi compañero, el de las gafas – Le mentí sin pestañear.

-Pues dile de mi parte que cuando le encuentre le voy a machacar por intentar quitarme la novia. ¡Te enteras!-Me rugió, llenándome la camiseta de saliva.

Asentí enérgicamente y le mentí de nuevo- Vale tío, yo se lo digo.

El mostrenco me dio la fabulosa espalda y echó a andar hacia la entrada del campo de rugby, y yo salí por piernas de allí, hacía mi facultad.

Cuando salimos de la última clase, nos quedamos tumbados en el césped, y mientras hablábamos de todo y de nada, Lucas puso cara de susto y señaló con un dedo a mi espalda susurrando – Ese viene a por ti.

Volví la cabeza y allí estaba el jugador de rugby –  Que va hombre, ese viene a por ti, pensé yo, mientras observaba como el tipo le rompía las gafas de un puñetazo.

Después, en el baño de los chicos, mientras intentábamos quitar la sangre a base de empaparla debajo del grifo, Lucas me miró con un gesto asombrado y me dijo “No lo entiendo, ¿Por qué me ha sacudido a mí si eres tu el que se ha morreado con su novia?.

Aquella fue la primera vez que traicioné a un amigo.





Pajarillos

10 02 2015

Todas las tardes a eso de las cuatro, un gorrioncito se posaba en el alfeizar de la ventana, y desde allí miraba, gorjeando,  a mis dos periquitos a la vez que ellos le observan desde su jaula.

A mí me hacía mucha gracia ver como los sosos de Alí y Babá, que así se llamaban mis bichos, se volvían locos cuando llegaba el mirón, y me olvidaba de mis quehaceres hasta que el gorrión levantaba el vuelo.

Pero una tarde, cuando les estaba cambiando la comida, dejé la puerta de la jaula abierta, y ellos  desaparecieron en unos segundos. Recriminándome duramente por ello, volví a dejar la jaula vacía al lado de la ventana.

Al día siguiente el gorrioncillo volvió, yo le vi como miraba la jaula vacía y en su piar oí la tristeza…

No es que yo sea muy sentimental, pero el pesar del pajarillo me conmovió y decidí alegrar su vida. Así que cogí papel celo y pegué con mucho cuidado una foto que tenía de Alí y Babá.

Y allí está todos los días el gurriato tan contento charlando con ellos





Primera vez

8 01 2015

Cuando recibió su primer beso
No supo si sentirse feliz o vomitar.
Optó por restregarse el cepillo de dientes por toda la boca
Como una posesa.
Después le mando un guasap a Lola
Con caritas sonrientes y un ya entre Exclamacion





El Árbol

27 05 2009

La jovencita se asomó por el hueco del árbol y no le vio, no quería que se le escapara así que decidió ir tras él. Introdujo medio cuerpo en la cavidad, y se dio cuenta de que había sido una mala idea, no había nada a lo que sujetarse. Recordó las advertencias de su madre mientras el vértigo de la caída la inundaba.
La brusca caída se frenó suavemente cuando sus posaderas dieron con el mullido suelo. Sorprendida miró a su alrededor. ¡Jamás habría pensado que el tronco de un árbol fuera tan grande!. Además de unos sillones que se adivinaban muy cómodos y una mesita donde un juego de té reposaba sobre un cristal finamente tallado, había un espejo donde vio detrás de su imagen reflejada, un túnel muy iluminado.
No había otro sitio por donde salir de allí, así que decidió recorrerlo. Cuando ya empezaba a pensar que nunca llegaría a ningún sitio, apareció una pequeña puerta con una flecha luminosa que indicaba Salida. Se agachó para pasar por ella y al traspasarla, se encontró en una habitación que le recordó a la de su vieja tía Vestes.
Echó un vistazo alrededor y de nuevo vio otra puerta coronada con un cartel luminoso que decía Aquí está lo que buscas. Un poco asustada entreabrió la puerta y allí estaba él.
El conejo la sonrió desde la cama donde se encontraba tumbado, vestido sólo con un horroroso slip verde. Le hizo una seña con el dedo índice, atrayéndola hasta él, y cuando llegó a su lado le dijo:
-Por fin lo has conseguido, me has encontrado. Todo lo que buscabas será tuyo.
Lo único que Alicia pensó es que había merecido la pena la aventura, cuando el conejo dejó caer su única prenda.





The best

29 04 2009

Jugaba a ser siempre el mejor, el mejor en todo. Le daba igual lo que tuviera que hacer para conseguirlo, trampas en las cartas, tomar un atajo en una carrera, copiar en un examen, cualquier cosa que le hiciera ser el primero, el más listo, el que más ligaba, el número “ONE”.
Por eso ahora mismo se estaba jugando el pellejo, si le pillaban sabía lo que le esperaba, la expulsión del instituto, pero tenía que arriesgar todo para conseguir aprobar el examen, así que respiró hondo y entró en la sala de profesores.
Cuando terminó el examen sintiéndose un triunfador, corrió para encontrarse con la “pavita” que le esperaba en la puerta del instituto.
La besó poniendo toda su alma en ello y llamándola como a todas “cielo”. No recordaba su nombre ¿Qué más daba? Sólo era otro juego.
Al llegar a su casa y abrir la puerta, vio en el perchero del recibidor el sombrero de su padre, así que se acercó presuroso al salón.
Él estaba sentado en su sillón leyendo el periódico, y cuando le vio entrar lo dejó en la mesita, y esperó a que se acercara.
-¡Bueno chico! ¿Preparado?- Le preguntó sacando el tablero de ajedrez.
Se concentró en la partida con todo su ser, y cuando angustiado vio como su padre le daba jaque mate, un nudo de desesperación le atenazó el estómago.
Con la cabeza baja le escuchó decir su frase preferida:
-¡No sirves ni para jugar al ajedrez! ¡Vaya mierda de hijo que me ha caído en suerte!