Dani

21 04 2009

Dani se despierta y mira a su alrededor y sonríe cuando ve a d. Paco, él también le está sonriendo, y el niño deshace apresurado el abrazo dulce de las sábanas para coger al muñeco sentado a los pies de su cama, luego, se sienta en el borde y mira hacia el suelo, tan lejano. Dani sólo tiene cuatro años y además es bajito para su edad, por eso la distancia que media entre el suelo y el borde de la cama le parece tan grande, y le da tanto miedo saltar como cuando se sube en el tobogán del parque y ve allí, a lo lejos, a su hermana Celia que le grita para que “Te bajes yaaa”.
Así que decide quedarse donde está y para no aburrirse le cuenta a d. Paco lo que ha soñado esta noche con pelos y señales. D. Paco le escucha muy interesado y se desternilla cuando Dani le cuenta que en la selva mató a un tigre que le perseguía tirándose un pedo, porque no tenía pistola. Dani también se ríe mucho y aprieta las piernecillas porque le están dando ganas de hacer pis.
Y en ese mismo instante entra su madre en la habitación, y lanza una exclamación de sorpresa, “¡Pero hijo, ya estás despierto! Si sólo he estado diez minutos fuera” Dani deja a d.Paco y se pone de pie en la cama para abrazar a su madre, y antes de que pueda contarle el sueño de la selva, ella le baja de la cama y le lleva hasta el baño, y comienza a darle instrucciones sin respiro, “Venga, anda haz pipí y lávate las manos y la cara. Yo mientras voy a llamar a papá”
Cuando sale del baño, mamá está hablando con el hombre de la bata blanca que le asusta cuando se acerca a él para ponerle esa cosa tan fría en el pecho y en la espalda. Se pone detrás de su madre y se agarra con todas sus fuerzas a sus piernas, entonces ella se desprende de su abrazo y se agacha a su altura, para besarle.
Y muy bajito le dice al oído, “Hoy tenemos una aventura nueva pitufo”, y le sigue contando que Dani y d.Paco van a ir a otra habitación donde hay más niños y unos payasos que les van a contar un montón de historias, y mientras termina de decírselo, la enfermera Alicia que es la más guapa y la más simpática de todas, le coge de la mano y salen de la habitación.
Cuando están en la mitad del pasillo, mamá llega corriendo y le da su gorra de Mickey, “¡Que se te olvidaba la gorra! ¡Anda póntela para que no se te queden fríos los pensamientos” le dice acariciando la suave piel de su cráneo desnudo.

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Gritos

10 01 2009

¡Ya está dando gritos otra vez! ¡No se cómo lo aguantas!-La mujer se retira un mechón de pelo encabritado de los ojos y mira con ojos furiosos hacia el pequeño ventanuco de madera.
¿También era así antes de llegar yo?-vuelve a preguntar sin esperar realmente una respuesta-Puedo aguantar que huela a demonios, que cuando se acueste deje en las sábanas las huellas llenas de barro de sus pies, que se le escapen los piojos cuando estamos en la mesa.¡Todo eso lo puedo aguantar, lo que no soporto son sus gritos!
Gritos al despedirse, gritos cuando vuelve a casa al anochecer, gritos cuando….bueno, ya sabes…. ¡Si vuelvo a oírle dar un grito más, no se que voy a hacer!
Se acerca a la puerta y levanta una liviana cortina de bambú, asoma la cabeza y otea el horizonte.
-Hay unas nubes enormes y negras, supongo que no tardará en volver-Y volviéndose hacia la habitación ordena sin miramientos-¡Vamos no te quedes ahí sentada mirándome, ves cortando la verdura para la cena, ¡si verdura!, vamos a empezar a cambiar los hábitos alimenticios de esta casa, menos carne roja y más verdura y pescado, y no te quejes ¡Que de postre tienes bananas!.
Chita se baja del taburete con un suspiro, y se acerca a la cocina, deseando en su fuero interno que a Tarzán se le pasen los ardores que siente por esa humana flaca y de mal genio y la envíe de una patada a su húmeda Inglaterra, para poder de nuevo estar los dos solos.
Y por supuesto que ella si responderá a su llamada cuando escuche sus gritos.





Bruja

5 01 2009

Subió al vagón del metro empujada por los viajeros que estaban tras ella y quedó encajonada entre varias espaldas y tres o cuatro rostros que reflejaban malestar. No podía ni abrir el libro que llevaba así que intentó relajarse hasta Alonso Martínez, la estación donde una gran parte de los que viajaban bajarían. Se encontraba pensando en sus asuntos cuando notó que le sobaban el culo, dio un respingo intentando separarse de aquella mano pero era imposible huir de ella. Buscó con la mirada al dueño y se encontró con un par de ojos en los que brillaba la lascivia. La mirada que le lanzó no consiguió que el tipo dejara de tocarla. Se revolvió en el sitio hasta que consiguió cambiar de lugar, sin importarle los exabruptos de sus compañeros de vagón. Hervía de rabia mientras no dejaba de mirar a aquel hombre.

El convoy llegó a Rubén Darío, y entre los que se bajaron estaba él, le siguió con la mirada hasta que llegó a las escaleras y vio como tropezaba con el primer escalón y se estampaba con los peldaños rompiéndose el puente de la nariz.

Mientras el metro proseguía su marcha y el hombre sangraba profusamente, Silvia sonreía, y seguía sonriendo cuando llegó a su estación.

Al entrar al hall de su empresa saludó a la recepcionista que la ignoró perdiéndose en la pantalla del ordenador, Silvia volvió a sentir la misma rabia que la inundó en el metro y clavando su mirada en el cogote perfecto de la mujer, musitó unas palabras.

Al entrar en su despacho oyó un grito y al asomarse al hall, vio a la joven caída en el suelo con todo su estudiado peinado totalmente chamuscado. Contuvo una carcajada cuando uno de sus compañeros acudió a ayudar a la recepcionista que hipaba entre sollozos al contarle que sólo estaba comprobando que el ordenador estaba enchufado a la corriente.

Sobre la una decidió ir a tomar un bocadillo y al salir de su despacho, se encontró con Javier acompañado de un desconocido. Javier la detuvo y le presentó al joven.
-Silvia, te presento a Amadeo, es nuestro nuevo abogado.
El joven le ofreció su mano y al estrechársela sintió un escalofrío-Encantada Amadeo, si necesitas algo aquel es mi despacho-Le ofreció con una sonrisa deslumbrante.-Perdonad he olvidado algo-Les dijo mientras volvía a entrar.
Silvia abrió el ropero para buscar sus gafas de sol, y a través de la entreabierta puerta escuchó la conversación de los dos hombres:
-¡Está como un tren¡ No me habías dicho que teníamos un bellezón en la oficina, Javier.
-Si, si, está muy rica, pero es una bruja. Ten cuidado con ella-Le advirtió su compañero.
-Venga hombre, ¿vas a decirme que una mujer así no merece la pena?-Contestó Amadeo con excitación en su voz-Creo que me he enamorado, macho.

Silvia se dijo que el escalofrío no le había engañado, Amadeo era el hombre de su vida. En cuanto a Javier, ya le enseñaría ella lo bruja que podía llegar a ser





Piedra muda

30 12 2008

Allí estaba yo, leyendo las palabras que me dirigía mi gran amor-Eres como una piedra muda, nunca dices lo que sientes, pero aún así yo no quiero dejar de verte, los amigos son muy importantes para dejarlos marchar sin luchar.

Era justo lo que necesitaba para hundirme más en mi tristeza, en mi soledad, era su contestación a la que yo le había enviado unos días antes, dejando al desnudo mis sentimientos. Su respuesta estaba clara ¡Amigos! Eso era lo que yo significaba para él.

Sentí que no nos separaba únicamente la centena de kilómetros que hay entre mi gran ciudad y su pequeño pueblo segoviano, también había un muro impenetrable entre mi necesidad y su respuesta. Yo le necesitaba ahora más que nunca, mi padre nos había dejado inesperadamente y su mano estuvo junto a mi sólo unas horas, el tiempo que tardó mi familia en regresar para el entierro.

Pero esas escasas horas no fueron suficientes para mi dolor, le quería a mi lado en esos momentos, le necesitaba junto a mi, y él estaba satisfecho con haberme dedicado parte de sus horas de sueño, había cumplido con su deber de amigo.

Guardé la carta, aún está guardada no se dónde, guardé también mis sentimientos y deseos, esos sí se donde los guardé, y levanté la mirada hacia la foto desde donde mi padre sonreía con una mirada limpia y juvenil, y se lo prometí.

Terminó Agosto y con los frescos días del otoño, regresó él también y su llamada. Medía hora antes de dejar mi casa la fiebre se instaló en mi cuerpo, siempre me pasaba cuando tenía una cita con él, pero intentando controlar mis nervios, bebí un vaso de agua y salí dejando atrás mis temores.

Mientras me besaba yo sentía que así no eran los besos de un amigo, mientras me acariciaba en las resecas praderas del Retiro las lágrimas pugnaban por abandonar mi cuerpo.

Cuando nos despedimos, él creía que en la próxima llamada yo estaría disponible, sin embargo yo sabía que era para siempre





INMACULA

20 05 2008

Agazapada en la oscuridad de la sala, absorta en las vicisitudes de aquellos náufragos a la deriva, se sorprendía de cómo una película que tenía más de sesenta años podía sobrecogerla tanto, acostumbrada como estaba a ver todo tipo de pelis de terror, salpicadas de color rojo. Sin embargo, en ésta no salía ni una gota de sangre, por lo menos carmesí, ya que estaba rodada en blanco y negro, pero la historia de aquella gente atrapada en un bote en medio del océano la estaba angustiando más que el motivo por el que había entrado al cine.

Nada más terminar la película se levantó del asiento y se dirigió a la salida, Fue hasta la parada del autobús y mientras esperaba su llegada comenzó a darle vueltas a una posible solución.

Siguió pensando en ello durante el trayecto hasta su parada y cuando se bajó se dio cuenta de que la solución siempre había estado con ella.

Abrió la puerta de su casa procurando no hacer ruido, no quería despertarlo. Sería mucho más fácil si no le recriminaba su mirada. Entró en la cocina y abrió el armario bajo donde guardaba los productos de limpieza.

Sacó un bote de plástico y con una cucharilla de café cogió una pequeña porción de polvos blancos. No se distinguían de los otros que tomaban cuando tenían una pequeña indigestión. Los echó en un vaso y después lo llenó con agua. Movió la cucharilla enérgicamente y los polvos se disolvieron en el agua.

Se sentó en el sofá del salón y lo bebió con rapidez. Tenía un ligero sabor amargo.Se echó por encima la cálida manta de mohair y se tumbó en el sofá.

Mañana cuando Ernesto se levantara la encontraría allí, inmaculada, sin una gota de sangre estropeando su maravilloso salón.





15 de mayo

15 05 2008

Isidro jaleaba al buey y empujaba el azadón, mientras miraba preocupado los negros nubarrones que empezaban a cubrir el bonito cielo de Mayoritum.
Frena al animal y se arrodilla en la tierra reseca y comienza una plegaria al Señor:
-Dios mío, yo te pedí lluvia para estas mis pobres tierras, pero con mesura, Señor, que estoy viendo que las nubes van a comenzar a llorar pero no lágrimas, sino ríos.¡Apiádate de mi mi buen Dios!
Y santiguándose se levanta y se dirige hacia la humilde choza que les sirve de cobijo a él y a su bienamada esposa.
Cuando entra ve a María afanada sobre el puchero que reposa encima de la lumbre. Se acerca a ella y posa una mano en el hombro de su mujer.
Ella se vuelve y le dedica una dulce sonrisa-¿Ya has vuelto esposo? Hoy has dejado de laborar pronto. La cena aún no está lista.
-No te preocupes por eso, no tengo hambre. Estoy preocupado por que el cielo amenaza con descargar toda su furia sobre nosotros. Temo que la cosecha se pierda.
-¡Ay Isidro! ¿Pero aún no te has enterado?-Le dice María con sorna-Tu no te preocupes, cena y vete a dormir, que la cosecha no se perderá.
-¡Mujer como puedes estar tan segura!¿Es que acaso Dios te ha dado alguna señal?
-Buen esposo, si alguna vez me escucharas cuando te hablo recordarías que no ha mucho encontré un artefacto mágico-Isidro la interrumpe alterado-¡Te dije que lo quemaras, es un artefacto del diablo!
-Ya, ya-Responde María-Será del diablo pero cuando le doy a la ruedecita, una voz me habla y me reconforta, y esa voz hoy ha dicho: Grandes nubes de tormenta cubrirán todo el cielo de Madrid, pero por desgracia todo quedará en agua de borrajas.





Rencor

22 04 2008

Abrí el libro por la página 42 y allí estaba, En la quinta fila aparecía mi nombre y al lado el de mi madre biológica. Sentí una extraña emoción al leerlo, no sabría decir si era felicidad o más bien odio, puede que fuera una mezcla de ambas.

Bien, ahora sabía que Luisa Fernanda Bartoldi era la mujer que me había parido y la que me había vendido al matrimonio Gustaff hacía diecinueve años.

Salí del viejo hospital y me dirigí hacia la casa de mis viejos, Al llegar al jardín vi a Greta mirando por la ventana. Antes de llegar a la puerta ya la había abierto y sin darme tiempo a entrar me preguntó:

-¿Ya lo has conseguido?¿Ahora eres más feliz?-Su voz tenía un pequeño tono histérico.

No la contesté y entré en casa, derrumbándome en el sofá de cuero negro del salón. Ella se sentó a mi lado y me cogió la mano.

-Oscar espero que ésto sea el final, ya sabes quién es ella, no necesitas nada más-Su afirmación titubeaba y la miré fijamente.

-Quiero saber más, quiero comprender porque una mujer vende su hijo a unos desconocidos. Quiero saber como la conocisteis, cómo se fraguó todo-Le dije con tranquilidad.

Ella apartó su mirada y se levantó del sofá, acercándose al bureau de mi padre. Sacó una pequeña llave y lo abrió.

Volvió hacia mi y me ofreció un pequeño libro-¿Qué es?-Le pregunté con temor.

-Es el diario de Luisa, cuando se marchó me lo entregó y me dijo que quizá algún día tu querrías leerlo.

No tuve fuerzas para recriminarle que no me lo hubiera dicho antes. Lo cogí y lo contemplé. Un pequeño libro rojo con letras doradas con un cierre, dorado también.

Sin abrirlo se lo devolví-¿No vas a leerlo?-Me preguntó sorprendida.

-No, aún no. Prefiero seguir odiándoos a los tres un poco más.