Dios

23 08 2009

Cuando Dios me miró de esa forma, me juré que jamás en la vida le volvería a dar motivos para ver de nuevo esa mirada. No cupieron excusas ni llantos arrepentidos. Sólo la mirada y su dedo mostrándonos la salida.
A Eva no parecía importarle nuestra marcha del Edén, caminaba extasiada contemplando el nuevo mundo que se abría ante nuestros ojos y se hacía la sorda a mis lamentos. Sólo cuando el sol desapareció para dejar paso a la luna, se acercó a mí para preguntar donde pasaríamos la noche.
-Pregúntale a tu amiga, la sierpe-Le dije con rabia.
-Es una pena pero en cuanto salimos del Paraíso se fue en dirección contraria, y estoy pensando que quizá habría sido mejor que me fuera con ella que contigo-Me contestó mirándome con desprecio.
Era nuestra segunda discusión en nuestra relación de pareja, la primera fue la cuestión de la manzana, aunque duró poco, me dejé convencer muy fácilmente ya que yo también deseaba precisamente esa manzana pero no se lo confesaría nunca. Así siempre tendría un motivo para echárselo en cara.
Seguimos andando y discutiendo hasta que vimos una pequeña cueva a donde nos dirigimos. Al llegar allí vimos que era lo suficientemente grande para dormir en ella, aunque no tanto para hacerlo por separado. Así que olvidando nuestro enfado, nos acurrucamos y mientras el sueño hacía caso omiso de nosotros, mis manos comenzaron a jugar con el ensortijado cabello inferior de Eva. Era extraño, en el Paraíso nunca me había fijado en que nuestros cuerpos eran diferentes y tampoco la vara que poseía justo entre mis piernas había tomado la posición de aquel momento. Estaba asustado y no sabía qué hacer para que recobrara su estado y se lo dije a Eva. Ella, curiosa como siempre, la tomó entre sus manos y en ese momento yo pensé que moría. Pero estaba equivocado, la vara volvió a su posición y aliviado uní mis labios a los de ella y mis manos resbalaron por su cuerpo y encontraron una pequeña rendija húmeda y caliente en la que nunca había reparado.
Eva tomó de nuevo mi vara y me dijo-Tal vez tenga frío. La meteré aquí que está calentito.
Y entonces le di gracias a Dios por habernos expulsado del paraíso.





3 08 2009

Reabro mi bitácora para deciros “Hasta la vuelta”, ya que me voy de vacaciones a Las Landas, una zona turística del suroeste de Francia.
Cómo he sido una chica aplicada y he aprobado mi primer curso de gabacho en la escuela oficial de idiomas, mi costilla me ha premiado con este viaje.
Así que me voy a practicar mi ¿Spanfrench? con mes amies les françaises.
Á bientôt¡





Pintando la casa

3 08 2009

pintandoCreo que vuelvo por aquí





Cerrado por derribo

31 05 2009

Candado_DSC3149

Hasta pronto





El Árbol

27 05 2009

La jovencita se asomó por el hueco del árbol y no le vio, no quería que se le escapara así que decidió ir tras él. Introdujo medio cuerpo en la cavidad, y se dio cuenta de que había sido una mala idea, no había nada a lo que sujetarse. Recordó las advertencias de su madre mientras el vértigo de la caída la inundaba.
La brusca caída se frenó suavemente cuando sus posaderas dieron con el mullido suelo. Sorprendida miró a su alrededor. ¡Jamás habría pensado que el tronco de un árbol fuera tan grande!. Además de unos sillones que se adivinaban muy cómodos y una mesita donde un juego de té reposaba sobre un cristal finamente tallado, había un espejo donde vio detrás de su imagen reflejada, un túnel muy iluminado.
No había otro sitio por donde salir de allí, así que decidió recorrerlo. Cuando ya empezaba a pensar que nunca llegaría a ningún sitio, apareció una pequeña puerta con una flecha luminosa que indicaba Salida. Se agachó para pasar por ella y al traspasarla, se encontró en una habitación que le recordó a la de su vieja tía Vestes.
Echó un vistazo alrededor y de nuevo vio otra puerta coronada con un cartel luminoso que decía Aquí está lo que buscas. Un poco asustada entreabrió la puerta y allí estaba él.
El conejo la sonrió desde la cama donde se encontraba tumbado, vestido sólo con un horroroso slip verde. Le hizo una seña con el dedo índice, atrayéndola hasta él, y cuando llegó a su lado le dijo:
-Por fin lo has conseguido, me has encontrado. Todo lo que buscabas será tuyo.
Lo único que Alicia pensó es que había merecido la pena la aventura, cuando el conejo dejó caer su única prenda.